Vísperas cantadas cada domingo a las 6 PM — seguidas de una Hora Santa a la luz de las velas.
Cauces de la gracia
Cristo instituyó los sacramentos como signos eficaces de la gracia. Será un honor ayudarle a recibirlos.
El Bautismo es la puerta de la vida en el Espíritu y el acceso a los demás sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y renacemos como hijos de Dios.
Comuníquese con la oficina parroquial para programar un bautismo y una sesión de preparación para padres y padrinos.
La Confirmación completa la gracia bautismal y fortalece al bautizado con los dones especiales del Espíritu Santo.
La preparación se ofrece cada año a través de nuestro programa de educación religiosa. Comuníquese con la oficina parroquial para inscribirse.
La Eucaristía es fuente y culmen de la vida cristiana: el Cuerpo y la Sangre de Cristo verdaderamente presentes bajo las especies del pan y del vino.
La preparación para la Primera Comunión se ofrece a través de nuestro programa de educación religiosa. Consulte nuestros horarios de Misa y acompáñenos.
En el sacramento de la Penitencia recibimos la misericordia de Dios y nos reconciliamos con Él y con la Iglesia.
Consulte los horarios de confesión o comuníquese con la oficina parroquial para acordar una cita con un sacerdote.
Por este sacramento, la Iglesia encomienda al Señor a los gravemente enfermos y a los ancianos, para que Él los alivie y los salve.
Llame a la oficina parroquial en cualquier momento. En caso de emergencia, pregunte por el sacerdote de guardia.
En el matrimonio, un hombre y una mujer bautizados forman una alianza para toda la vida, ordenada al bien de los esposos y a la procreación y educación de los hijos.
Comuníquese con la oficina parroquial al menos seis meses antes de la fecha prevista de la boda para comenzar la preparación.
El Orden es el sacramento por el cual la misión que Cristo confió a sus apóstoles continúa en la Iglesia.
Si siente el llamado al sacerdocio o al diaconado, hable con nuestro párroco o con la oficina diocesana de vocaciones.
La Iglesia acompaña a sus hijos al final de su peregrinación terrena, encomendándolos a Dios en las exequias y orando por el descanso de sus almas.
Comuníquese con la oficina parroquial; caminaremos con su familia en cada paso.